Khayyám
asiente con un movimiento de cabeza resignado. Yahán prosigue:
-Terken Jatún estima que, al punto al que han llegado las cosas, sería preferible alejar a los dos adversarios y confiar el visirato a un hombre de bien, capaz de calmar los ánimos. A su esposo nuestro señor no le convienen, según ella, esos intrigantes que le rodean; sólo necesita un hombre prudente, desprovisto de bajas ambiciones, un hombre de buen juicio y excelente consejo. El sultán te tiene en alta estima y ella querría sugerirle que te nombre gran visir. Tu nombramiento aliviaría a toda la corte. Sin embargo, antes de exponer semejante sugestión quiere asegurarse de tu aprobación.
Omar
tarda en comprender lo que se le pide, pero luego exclama:
—¡Por Dios,
Yahán! ¿Buscas mi perdición? ¿Me ves mandando los ejércitos del Imperio,
decapitando a un emir, reprimiendo una rebelión de esclavos? ¡Déjame con mis
estrellas!
—Escucha,
Omar. Sé que no deseas dirigir los asuntos, tu cometido será, simplemente,
estar ahí. ¡Otros tomarán las decisiones y las ejecutarán!
—Dicho
de otro modo, tú serás el verdadero visir y tu señora el verdadero sultán. Es
eso lo que buscas, ¿no?
—¿Y en
qué te molestaría? Tendrías los honores sin tener las preocupaciones. ¿Qué
mejor cosa podrías desear?
Terken
Jatún interviene para matizar las palabras. Yahán traduce:
—Mi
señora dice: el hecho de que hombres como tú se aparten de la política es la
causa de que estemos tan mal gobernados. Ella estima que tú tienes todas las
cualidades necesarias para ser un excelente visir.
—Dile
que las cualidades que se necesitan para gobernar no son las que se necesitan
para acceder al poder. Para dirigir bien los asuntos hay que olvidarse de uno
mismo, no interesarse más que por los demás, sobre todo por los más
desgraciados; para llegar al poder hay que ser el más ambicioso de los hombres,
no pensar más que en uno mismo, estar dispuesto a aplastar a los amigos más
íntimos, ¡y yo no aplastaré a nadie!
Palabras de Omar Khayyam, astrónomo, matemático, místico y poeta persa del siglo XI
Aamin Malouf, Samarcande
