Como dos fugaces luceros que cruzan caminos en la negra bóveda celeste. Portando trayectorias y patrones tangentes pero opuestos,
dos convergen en el espacio-tiempo por un instante.
Radiante pero efímero, un tropiezo que nunca debió ser.
Pero algo cambió. Ya nunca fueron los mismos.
Uno cae meteóricamente, ardiendo a través del éter.
Mientras la otra se apaga. Se apaga por un instante mientras mira atrás,
para despúes fulgurar y emprender de nuevo el rumbo, iluminando lejanos firmamentos.
dos convergen en el espacio-tiempo por un instante.
Radiante pero efímero, un tropiezo que nunca debió ser.
Pero algo cambió. Ya nunca fueron los mismos.
Uno cae meteóricamente, ardiendo a través del éter.
Mientras la otra se apaga. Se apaga por un instante mientras mira atrás,
para despúes fulgurar y emprender de nuevo el rumbo, iluminando lejanos firmamentos.
El tempestuoso viento cósmico del devenir acerca y separa sin jamás preguntar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario