¡O flor del desierto! Deseo no nunca haberte vislumbrado,
¿Por qué, por qué acechas mis sueños cual grácil y astuta cazadora?
Hoy yo te espío y soy descubierto.
Sorprendida, evades mis ojos,
Y tu respuesta, casual e indiferente me hace entender:
No es como en mi sueño, soy indigno de tu persecución.
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